Mi vecina, Haruno, es una persona amable; incluso participa en la limpieza del vecindario sin quejarse. Pero siempre lleva ropa fina, con los pechos al descubierto. Es imposible no fijarse en ella. Me obsesiono con esa imagen y me masturbo a diario. Un día, Haruno me preguntó por el grifo. Cuando fui a revisarlo, salía un chorro de agua a presión. Al ver a Haruno empapada, perdí la cordura por completo…