Durante el sofocante verano, sin poder trabajar por un dolor de espalda, pasé el tiempo en casa con Momoko Isshiki, una mujer casada. Momoko Isshiki, dulce, hermosa y voluptuosa, me cautivó. Un día, de repente, se me acercó con una sonrisa, tratándome, incapaz de moverme, como un juguete, cabalgando sobre ella y contoneando sus caderas...