Chihiro, que se lastimaba el pie durante un entrenamiento de atletismo, visitó a un famoso masajista del barrio por consejo de su madre. Aunque estaba débil, la mirada lasciva del masajista le hizo darse cuenta de que algo andaba mal. Su primer masaje se sintió extraño. Los dedos del masajista recorrieron su pecho y glúteos hasta sus partes íntimas. Sabía que estaba mal, pero su personalidad introvertida le impedía hablar. Inconscientemente, su cuerpo se había excitado y aceptó los extraños aparatos y aceites de masaje sin rechistar. Cuando el masajista la llevó a una sensibilidad extrema, solo pudo sucumbir a su pene...