Mi suegra vino a Tokio y pasó la noche con mi esposa y conmigo. Sin embargo, como mi casa es pequeña, tuvo que dormir a nuestro lado. Tiene una figura esbelta y pechos grandes, lo que me inquietó y me impidió dormir. Al día siguiente, como era de esperar, tuvimos que dormir los tres juntos de nuevo. Tarde en la noche, mi suegra jadeó y la observé atentamente mientras se consolaba. Al día siguiente, tras confirmar que mi esposa se había ido, la abracé y le conté lo del día anterior. Mi torso se puso erecto al instante y me apreté contra ella. Se arrodilló y me dejó hacer. Esa noche, los tres dormimos juntos como siempre, pero me desperté por una extraña sensación en el torso y descubrí enseguida que mi suegra estaba saboreando mis genitales...