Por sugerencia de su supervisor, las empleadas del equipo de desarrollo permitieron a sus colegas masculinos experimentar el atractivo del nuevo producto y recabar sus opiniones. Para evitar que sus opiniones se vieran influenciadas y para garantizar que nadie pudiera ser identificado mientras usaba el producto, las empleadas fueron atadas a una mesa especialmente diseñada y tratadas como juguetes sexuales, jugando libremente con sus medias negras y sus nalgas, frotándolas y probándolas a fondo.