Después de que mis padres se volvieran a casar, mi nueva hermanita, "Rima", era guapa y se portaba bien, pero inconscientemente dejó al descubierto su tanga, lo que me hizo empujar frenéticamente hacia sus nalgas, con ganas de morderla. ¡También abría las piernas en forma de M, dejando al descubierto su coñito! ¡No pude resistirme! Le bajé los pantalones, me abrí paso a la fuerza y ¡eyaculé! Desde ese día, mi hermana empezó a provocarme con una sonrisa pícara, ¡lo que me excitó cada vez más! Hacíamos cosas juntas: nos bajábamos las tangas, nos acariciábamos y nos excitabamos, nos balanceábamos como diablillas y nos embestíamos con violencia, ¡hasta que finalmente eyaculamos!