Como profesora, mis alumnas ignoran por completo mis clases y tratan mi casa como un lugar de reunión. Pero en casa, ¡se transforman en chicas obedientes, listas para ser penetradas en cualquier momento! Hoy, al llegar, empecé a jugar con ellas enseguida, eyaculando dentro de ellas y dejándolas extasiadas. En cuanto les saqué el pene de la vagina, el siguiente se corrió, ¡y enseguida empezamos a tener sexo! Nunca ponen esa cara de gruñona en casa; sus zorras obedientes y sumisas son bastante placenteras. Es solo que su deseo sexual es demasiado fuerte, lo cual es preocupante... En fin, ¡espero que no las pille la escuela!