Mio, una oficinista recién llegada a Tokio, estaba confundida por el cambio de ambiente, pero vivía una vida plena y feliz rodeada de amables compañeros. Un día, Sugiura, un compañero de alto rango del mismo departamento, le habló: «No puedes dejar que la ciudad te corrompa. Tu encanto rústico es realmente cautivador, jejeje...». Mio sintió un profundo disgusto por esos comentarios vulgares, pero...