Keita, quien se torció el tobillo jugando al fútbol en la empresa, regresó a casa con la ayuda de su jefe, Yamazaki. Ante el enérgico interrogatorio de Yamazaki, la ingenua Noriko, incapaz de resistirse, se excitó con su salvaje encanto masculino y mostró fetiches sexuales que ni siquiera su esposo había visto jamás...