Tras el crecimiento de su hijo, Shoko decidió regresar a su antigua empresa. Durante los últimos años, ella y su esposo habían estado inmersos en el trabajo, sin días para la intimidad. Mientras tanto, su subordinada, Sonoda, albergaba en secreto un amor retorcido por ella. Sonoda grabó a Shoko cambiándose de ropa… repitiendo la rutina diaria de usar los videos grabados a escondidas como juguetes sexuales. Un día, mientras trabajaba horas extras, mientras Shoko se masturbaba como de costumbre, Sonoda se paró detrás de ella. Después de que Sonoda lo confesara todo, Shoko recordó el placer de ser tratada como mujer y, aprovechándose de su posición, comenzó a devorar con avidez el pene de Sonoda…