De joven, trabajé hasta el cansancio para ganar dinero. Por aquel entonces, estaba obsesionado con el dinero. Cuando recuperé la cordura, ya tenía 50 años y tenía más dinero del que jamás podría imaginar. Aunque nunca había pensado en casarme, pensé que bien podría intentarlo, ya que solo se vive una vez. Pero a esta edad, ninguna joven que me gustara se me acercaría. Justo entonces, se me ocurrió una idea brillante: tenía la mira puesta en la hija de mi futuro marido...