Tras salir del trabajo, el apuesto joven Hisashi, con un apetito sexual insaciable, se ponía un traje y devoraba los cuerpos de las mujeres. Era su fanático devoto, con una sonrisa lasciva en el rostro. Sus zonas erógenas, sus pezones, eran atacados, la sensación era tan intensa que su rostro se contorsionaba en una expresión vibrante y orgásmica. Finalmente, revelaba su lado sádico, abofeteando las nalgas de la mujer y liberando un torrente de semen.