El marido de Sora estuvo de viaje de negocios durante cinco días. En su primera noche a solas en su habitación, su suegro llamó a la puerta con una severa "orden": "Debes abstenerte hasta que tu marido regrese". A Sora le pareció absurda la petición, pero no pudo negarse ante la mirada autoritaria e intensa de su suegro. El tormento y la represión de la abstinencia se acumularon poco a poco durante esos cinco días, y su suegro, a su manera, fue minando gradualmente su razón, hasta que finalmente sucumbió por completo a la trampa que él mismo le había tendido.