"¡Hagamos algo travieso para que papá no se entere!". Empezando con un ligero contacto físico, la juguetona madre, María, fue acortando la distancia, susurrando al oído de su hijo Takuya. "No es bueno tener una erección así, jaja". Takuya rió con picardía, suspirando, con todo su cuerpo temblando mientras resistía la peligrosa tentación. "¡No te contengas, córrete!". A pesar de la cercanía de su padre, María se atrevía cada vez más...
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