Compré a una universitaria con problemas económicos por una noche y me la follé hasta saciarme en mi casa. Al ver su expresión de desprecio, empapada por la lluvia, la idea de ser tratada como un viejo sucio y pervertido me excitó aún más. Seguí jugando con su cuerpo carnoso, haciéndola gemir dulcemente mientras se resistía, con su coño completamente mojado de placer...
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