Mi sobrina, que no me había visitado en un tiempo, aún parecía joven, ¡pero ya era toda una mujer! ¡Y le interesaban mucho las cosas traviesas! Se le veían las bragas y el sujetador, pero inesperadamente se excitó, y no pude resistirme a gastarle una pequeña broma… «No me importa que se te vean las bragas, solo déjame penetrarte…» le pregunté, y mi sobrina dijo que, aunque me daba vergüenza, ¡no pasaba nada! Sin dudarlo, introduje mi pene erecto en sus bragas de algodón…