Casada durante cinco años y con una vida sexual tranquila, Aya Nakayama empezó a trabajar tres veces por semana en una tienda de conveniencia buscando emociones fuertes. A diferencia de su esposo, quien no deseaba tener hijos, a ella le atraía el trato amable que recibía de un joven universitario que trabajaba allí... En la tienda, en el patio, en la oficina y en casa del hombre... tuvieron intensos encuentros sexuales en múltiples ocasiones. El voluptuoso cuerpo de Aya era demasiado sexy... Los dos hicieron el amor con locura, eyaculando veinte veces.