Yuika, que ya no era querida por su esposo como esposa, quería mantener las distancias. Siempre rechazaba las invitaciones de su colega, pero esta vez le llevó café y charló con él sobre asuntos triviales. Era de noche. El momento feliz pasó rápidamente. "Lo siento. Debería irme a casa..." La mano masculina de su colega impidió que Yuika se fuera. Cuando sus dedos, que nunca antes se habían tocado, se unieron, una chispa de amor comenzó a encenderse, y su relación pasó de ser una simple pareja a una romántica.